El placer del cigarrillo
Reynaldo July 21st, 2008
Ha pasado poco mas de un año que deje Lima. Las cosas no han cambiado y han cambiado demasiado todo al mismo tiempo. Los amigos de siempre siguen siendo los amigos de siempre, muchos estan terminando la carrera, algunos han viajado, otros siguen en la misma U con nuevos amigos, siguen andando de chupeta en chupeta, de amanecidas en amanecidas, de proyectos en proyectos, algunos ya estan trabajando en prestigiosas empresas otros en las empresas de sus padres y algunos cuantos no me quieren decir en donde trabajan XD, si regreso ahora, a pesar de que las calles seguiran teniendo los mismos nombres, todo habra cambiado, la ciudad no permanecera con el mismo aroma, los programas de la tele seran distintos, habra una nueva marca de cerveza y nuevas jergas desconocidas en mi diccionario, existiran en las memorias de mis amigos sucesos y anecdotas que vivieron juntos y que yo desconocere y que no podre comentar decir ni opinar. Bueno, todo eso hace el tiempo, avanza, jode, hace olvidar, deja buenos momentos.
En Lima fumaba como si el aire puro me jodiera los pulmones y mi organismo en vez de oxigeno necesitara alquitran y nicotina para poder funcionar correctamente . Fumaba media cajetilla de cigarros al dia y cuando estaba tenso por algun examen o trabajo la dosis se duplicaba, si no fumaba era porque no tenia dinero y algunas veces sacrificaba el dinero de mi almuerzo por 4 cigarrillos, compensando la comida con una bolsa de “cuates” y una inkakola de un sol (menu de 2 soles) y cuando el caso era extremo y la necesidad de nicotina era mayor, por una bolsa pequenia de cuates y una kola real de cincuenta centimos (menu de 1 sol, 4 cigarrillos mas). A mi llegada a Los Angeles, el fumar era una de mis principales preocupaciones. No habia vivido con mi viejo hacia mas de 4 anios y no sabia si podia fumar en el lugar donde iba. Para colmo el dia de mi despedida me regalaron una tabaquera con encendedor, un regalo demasiado bonito para no usarlo. Al llegar a California todo parecia distinto, el aire olia distinto, olia demasiado verde, demasiado puro, mis pulmones no lo soportaban.Fue un poco raro, pero no pude encontrar las bocanadas de humo que realmente me gustan, es como si los cigarros aca les faltara algo, de pronto a los cigarrillos le empezaron a faltar amigos, trago, presion. El fumar sin presion, y sin amigos no tenia sentido, aun no lo tiene. El calor agobiante hace que no me provoque fumar, simplemente me da algo de repulsion el fumar en estas epocas cuando el sol hace subir la temperatura a mas de 100 grados F y que se siente que el aire se puede cortar.
No estoy en contra del cigarrillo, no quiero que nadie deje de fumar, aun no he dejado el cigarrillo, pasaran los meses, llegara el invierno y las presiones, los amigos de visita y me refugiare o regocijare nuevamente en el tabaco, siempre que este nuevamente me vuelva a saber tan bien como en Lima.













